EMBARAZO ADOLESCENTE: LA EMERGENCIA DETRÁS DE LA EMERGENCIA

Cuando Ángela* estaba cursando el segundo año de secundaria en Jircan (Huánuco), un obstetra llegó a su salón de clases con folletos y trípticos. Comenzó a hablar sobre los distintos métodos anticonceptivos y en cómo usarlos. Esa fue su última clase sobre salud sexual y reproductiva. Actualmente Ángela está en quinto año, tiene 17 años e intenta prestar atención a sus clases virtuales mientras atiende a su bebé de dos meses.

 

Fotografía: Lucía Castro

Fotografía: Lucía Castro

 

Autoras: Cecilia Beatriz Dextre Rubina y Lucia Isabel Castro Urbizagastegui/ Universidad Nacional Mayor de San Marcos

 

En el Perú, solo en el año 2019, el 12,6% de las jóvenes de entre 15 y 19 años ya eran madres o estaban embarazadas, según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES, 2019) del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Esta cifra es un promedio que se mantiene desde hace 20 años.

 

Un elemento que agrava esta situación es que el embarazo y la maternidad adolescente se centra en jóvenes con bajos niveles educativos.

 

En ese sentido, según un estudio del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), en el Perú, una adolescente de una zona urbana tiene una probabilidad del 29% de ser madre antes de cumplir los dieciocho años, mientras que en las regiones selváticas es de un 51%, y en las zonas rurales altoandinas se incrementa a un 53%.

 

Educación sexual en pandemia

 

Ángela tiende la ropa de su bebé en el techo de su casa, quiere aprovechar el sol potente que ilumina a todo Jircan, una de las provincias de Huánuco que está ubicada a siete horas de la ciudad capital. Ella nos comenta que le gustaría que en su colegio (la Institución Educativa 32403) “la educación sexual sea constante hasta que los chicos y chicas puedan captar o entender los métodos”.

Y es que Ángela nos confiesa que no acudió a un centro de salud o buscó información sobre métodos anticonceptivos hasta después de tener a su primer hijo. “Tenía un poco de vergüenza. Pensaba qué diría la gente de mí, no quería que piensen que tengo una vida sexual o digan: ay esa chica se cuida o cosas así. Ahora voy (al centro de salud) y me cuido con las ampollas del mes, y me doy cuenta que es algo normal”.

 

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En el año 2008, en el Perú se aprobaron los lineamientos educativos y orientaciones pedagógicas para la Educación Sexual Integral (ESI), pero no fue hasta ocho años después en el 2016, que se incluyeron temas relativos a la ESI en la Currícula Nacional de Educación.

 

Sin embargo, según un estudio de Guttmacher Institute del 2017, se encontró que a diferencia de otros países de la región, en el Perú no existe una Ley ni un programa educativo que respalde la educación sexual desde un enfoque integral.

 

Ahora en plena pandemia, la educación se ha debilitado y con ella la enseñanza de la ESI. La función educadora de los colegios nacionales se ha reducido de las aulas a un chat de Whatsapp, donde los profesores intentan interactuar con sus estudiantes y aplicar el uso de la plataforma educativa del Minedu: Aprendo en Casa.

 

Rossina Guerrero, especialista en sexualidad en la adolescencia y directora de Programas del Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos (Promsex), menciona que el Estado “solo ha priorizado algunos temas de la educación básica en el programa de Aprendo en Casa y no se ha tomado en cuenta la educación sexual”.

 

Además, Guerrero enfatiza que “hablar de la ESI en la modalidad virtual es complicado, porque para hablar de estos temas se necesita un espacio seguro, que es la escuela. Y a veces en una casa se comparte un mismo celular, y es difícil llevar un espacio de tutoría. Se está perdiendo mucho y no ha habido una estrategia consistente para llegar a este tema”.

 

Por ejemplo en el colegio de Ángela se dictan clases virtuales de lunes a viernes de 9 am a 12 am. Y cuatro alumnos de dicha institución educativa aseguran que ninguna de esas horas ha sido dedicada a brindar información sobre salud sexual y reproductiva durante la pandemia: “Ahora solo se habla del Covid-19, de cómo usar las mascarillas y lavarse las manos”.

 

No obstante, antes de la aparición del coronavirus el panorama no era muy diferente. Según manifiestan estos mismos estudiantes, durante el año escolar llevaban sólo dos o tres clases sobre la ESI en cursos como Ciencias y Desarrollo personal, donde tocaban la temática de forma superficial; y ocasionalmente venía el obstetra del centro de salud a brindar charlas sobre el uso de métodos anticonceptivos.

 

Respecto a ello, Juan Villalobos -el único obstetra que trabaja en Jircan- confirma que efectivamente antes de la pandemia iba al colegio a realizar charlas dos a tres veces al año, algo que en ocasiones era motivo de reclamos por parte de los padres de familia.

 

“Anteriormente mis compañeros que llegaban acá para realizar su servicio rural y urbano marginal en salud (SERUMS), iban a los colegios a hacer sus charlas, llevando las maquetas tanto de los órganos masculinos como de los femeninos. Pero luego los alumnos les contaban a sus padres y ellos venían furiosos a reclamarnos. Ahora en la pandemia, si saldríamos a hacer campaña o a repartir métodos anticonceptivos la gente lo tomaría mal, por eso nosotros solo salimos cuando tenemos visitas programadas”, asegura Villalobos.

 

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Algo similar sucede en las afueras de la ciudad de Pucallpa (Ucayali). Anabel de 15 años, recuerda que solo recibió información sobre salud sexual y planificación familiar en segundo año de secundaria, luego no ha vuelto a ver el tema, y tampoco ahora en sus clases virtuales.

 

“En esas clases nos hablaban de los preservativos que son para cuidarnos a ambos. Decian que hay varios tipos de preservativos y que cuando tenías relaciones sexuales comenzabas a echar cuerpo y tus seños se agrandaban. Nos hablaban de las ampollas o de las pastillas, solo nos explicaban cómo era y nada más”, comenta Anabel.

 

En el centro de Pucallpa el panorama es un poco distinto. Al ser una ciudad con un alto índice de embarazo adolescente, organizaciones como Manuela Ramos y Flora Tristan han intervenido colegios para empoderarlos en educación sexual. Uno de ellos ha sido el colegio Abelardo Quiñones San Fernando, que logró reducir el índice de estudiantes embarazadas por año.

 

La profesora Llipolita Ríos fue una de las primeras en apostar por la educación sexual en el colegio San Fernando. “Desde el 2011 hemos venido fortaleciendo las capacidades de los maestros, ya que iniciamos siendo dos maestras preocupadas y ahora hemos llegado al 50% de docentes empoderados”, manifiesta.

 

Sin embargo, esta pandemia no les ha permitido seguir avanzando con este trabajo. Antes de iniciar las políticas de educación sexual en el colegio San Fernando los embarazos en adolescente variaba entre diez o quince por año, y en el 2019 llegaron a reducir la cantidad a solo tres o cuatro por año; pero lamentablemente con la cuarentena del año pasado han dado a luz siete adolescentes.

 

Tatiana, una de las alumnas líder de este colegio, ha sido testigo de este gran retroceso. Ella recibió muchas charlas y participó en los talleres sobre educación sexual que organizaba el colegio, incluso la preparaban para que compartiera sus conocimientos sobre el tema a sus compañeros.

 

Gracias a ese programa Tatiana siente que logró empoderarse. Aunque lamenta que actualmente todo sea muy distinto: “Ya no hay esa mentoría con el docente. Ahora en la pandemia nos mandan la tarea, nosotros buscamos en internet y lo copiamos, ya no hay esa enseñanza conjunta y monitoreo constante. Una amiga quedó embarazada en pandemia, y yo me preguntaba el por qué si es que ella ha recibido las charlas en el 2019, y luego me di cuenta que era porque no tenía el acompañamiento de su familia”.

 

La maestra Ríos también comparte esta visión: “Los profesores nos sentimos frustrados porque habíamos avanzado tanto, y con la pandemia hemos retrocedido. Supuestamente estos niños han estado bajo la tutela de los seres que más los protegen; sin embargo, no fue así. Por eso les decía a los maestros cuán importante es el rol de la escuela, porque en el colegio estaban más informados”.

 

Colegio Abelardo Quiñones San Fernando como centro de vacunatorio del COVID-19. Fotografía: Lucia Castro

 

Como respuesta ante esta problemática el Estado ha aprobado el 03 de junio de este año los “Lineamientos de Educación Sexual Integral para la Educación Básica”, los cuales se aprobaron mediante la Resolución Viceministerial Nº169-2021-MINEDU.

 

Al respecto la especialista Rossina Guerrero opina que “el Ministerio de Educación en su rol de garante debería garantizar que estos lineamientos se implementen, hacer visitas, monitoreo y capacitar a los docentes. Tienen que armar un plan de implementación porque ahí es donde muchas veces se rompe, no se da. Nosotros tenemos muchas políticas públicas, lo que falta es que se hagan realidad”.

 

Otro factor es el tema tecnológico, por ejemplo en el colegio San Fernando -donde solo dictan a nivel secundario- tienen a 1036 alumnos matriculados, de los cuales 400 alumnos no están interactuando en las clases, puesto que no tienen celulares o laptops, y menos el servicio de internet para recibir las clases virtuales; y sin tener en cuenta que muchos adolescentes han tenido que asumir responsabilidades económicas ante de la muerte de sus padres por el COVID-19.

 

Según cifras del Ministerio de Educación, solo hasta julio del 2020, doscientos treinta mil estudiantes dejaron la escuela por estos factores.

 

 

La emergencia detrás de la emergencia

 

En el 2012 la cifra del embarazo adolescente en el Perú era del 13.2%. Pero con el Plan Multisectorial para la Prevención del embarazo en adolescentes (2013-2021), realizado por el Ministerio de Salud (Minsa), el gobierno se había fijado como objetivo primordial reducir el embarazo adolescente en un 20% de ese total. Sin embargo, no se está cumpliendo con ese objetivo, puesto que aún en el 2019 se seguía conservando una cifra bastante alta de 12.6%.

 

Esta problemática tiene como una de sus causas principales la dificultad que tienen los adolescentes para acceder a servicios de orientación o consejería en salud sexual y reproductiva, y el uso de métodos anticonceptivos.

 

Con la pandemia, estas dificultades se hicieron mayores. Según el Minsa estas atenciones cayeron en un 67% a nivel nacional en el primer semestre de 2020 en comparación con el mismo periodo del 2019. En cifras totales, se pasó de atender a 110.195 adolescentes a 35.980. Esto debido principalmente a que se redujo en un 30% el personal que se encarga de atender estos servicios.

 

Para demostrar esta drástica reducción el Minsa indicó que en enero del 2020, 41.887 parejas adolescentes pudieron aplicarse métodos anticonceptivos, mientras que en junio del mismo año sólo pudieron hacerlo 19.336. Es decir, en sólo seis meses se redujo en un poco más del 50%.

 

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Además, durante la pandemia, el desabastecimiento de métodos anticonceptivos se sumó a la larga lista de problemas.

 

Juan Villalobos, el obstetra del único centro de salud en Jircan (Huánuco), donde se atienden 1680 mujeres, manifiesta que en abril de este año se terminó el stock de inyectables mensuales, y las trimestrales ya se encuentran en fechas próximas a vencer. 

 

“Siempre hay desabastecimiento de insumos, porque nosotros recogemos lo que es del sub-almacén de Chavín de Pariarca, ellos a su vez tienen que esperar la dotación del nivel central de Huánuco. Ahora no sabemos cuándo habrá una nueva dotación”, afirmó Villalobos.


Centro de Salud del Distrito de Jircan. Fotografía: Lucia Castro

 

Actualmente, los adolescentes ya pueden asistir presencialmente a recibir atención de planificación familiar y salud sexual en general en los distintos centros de salud. No obstante, para la especialista Rossina Guerrero hay mucho estigma y prejuicio en relación a que un o una adolescente sea sexualmente activo.

 

“Cuando ellos logran vencer la barrera del prejuicio y se acercan a los centros de salud, lo que en realidad reciben en la mayoría de casos por parte del personal de salud es una `terapia de asustamiento´, donde intentan hacer que desistan de tener relaciones sexuales, hablándoles de las enfermedades de transmisión sexual y del embarazo adolescente de una manera poco empática. Son servicios que no son amables ni respetuosos, y así es muy difícil que un adolescente quiera acercarse a un centro de salud”, sentencia Guerrero.

 

Es por eso que en el país una de las estrategias para brindar una atención de salud integral a los adolescentes ha sido la implementación de los Servicios Diferenciados de Salud para Adolescentes (SDSA). Según información del Minsa al año 2019 se encontraban funcionando 2931 SDSA a escala nacional; aunque de todos ellos, solo 308 funcionan en la modalidad de servicios con ambiente exclusivo.

 

Este servicio antes de la pandemia ya se encontraba funcionando con deficiencias, como se puede observar en el informe Nro. 0011–201 realizado por la Defensoría del Pueblo en el 2018, donde se afirma que la gran parte de ellos no están cumpliendo con la normativa, pues no brindan una adecuada atención, no cumplen con los horarios, no ofrecen los métodos anticonceptivos modernos de acuerdo con la Ley, no han logrado capacitar a su personal de salud, entre otros aspectos.

 

Ahora, con la crisis sanitaria que vivimos, este panorama se torna aún más desalentador. Durante los meses que el Estado peruano decretó cuarentena obligatoria (marzo-junio 2020), la mayoría de estos servicios se suspendieron y se brindaron a través de la teleconsulta, y recién a partir de junio se empezó a reactivar lentamente en las distintas regiones del país.

 

Por ejemplo, en Ucayali, una de las regiones con mayores índices de embarazo adolescente (20.2%, según el INEI 2019), existen sólo 17 servicios diferenciados (5 en zonas urbanas y 12 en zona rural); y según reporta el Minsa, solo el Hospital Regional de Pucallpa y el Hospital Yarinacocha atienden dicho servicio de 7 a.m. a 1 p.m., en los demás se ofrece únicamente de 4 p.m. a 6 p.m., por lo cual su alcance es muy limitado.

 

Kathia Sarmiento, responsable de las Estrategias de salud sexual y reproductiva de la Dirección Regional de Salud de Ucayali, afirma que durante la pandemia y hasta la actualidad el único consultorio diferenciado que está trabajando a la par es el del Hospital Amazónico de Yarinacocha.

 

No obstante, los Centro de Salud San Fernando y 9 de Octubre, ubicados en la ciudad de Pucallpa, también se encuentran funcionando, pero con muchas deficiencias.

 

Esto lo pudo contrastar Tatiana, una estudiante de 17 años, cuando tuvo la curiosidad de acudir a un centro diferenciado luego de que acabara la segunda cuarentena decretada por el Gobierno: “Con unas amigas fuimos para ver qué tal estaba la atención. Yo ya había ido, pero con cámaras, y ahora quería saber cómo era sin ellas”.

 

Cuando llegó al centro de salud el agente de seguridad no sabía ni dónde quedaba el servicio y la mandó a obstetricia. Cuando le preguntó a una obstetra por el servicio diferenciado ella le dijo que ahorita no estaba la encargada, que llegaba más tarde y que iba a estar ocupada, así que lo mejor era que vuelva mañana.

 

“Yo me pregunté qué hubiese pasado si yo fuese una adolescente con una emergencia, si me dicen que vuelva el día de mañana yo no hubiese vuelto. Sin embargo fuí al día siguiente, pero no dejé de sentirme incómoda, ya que sentí que me atendía de una manera obligada, tanto así que yo ya quería irme de ahí”, recuerda Tatiana.

 

Para la Coordinadora de la Etapa Vida Adolescente Joven del Hospital Amazónico de Yarinacocha, Jenny Marleni, esto solo significa una cosa: el servicio diferenciado no ha sido considerado como emergencia durante la pandemia.

 

Marleni, como parte de su trabajo remoto, llama diariamente a alrededor de 10 a 15 adolescentes del Colegio Nacional de Yarinacocha para hacerles seguimiento sobre su salud sexual, los motiva a generar un proyecto de vida e identifica factores de riesgo como deficiencias en los estudios, violencia familiar, embarazo, etc.

 

“Este hospital es uno de los pocos que tiene el servicio diferenciado funcionando, empoderando y trabajando con los distintos colegios. Pero otros espacios no tienen el área adecuada y por otro lado no tienen al personal profesional que atienda a los adolescentes. El recurso humano se tiene que repartir a nueve programas y es difícil que se dediquen solo al adolescente [...] la prioridad ha sido la atención a pacientes Covid-19”, comenta Marleni.

 

Las razones invisibles

 

Los adolescentes no solo tienen que afrontar las dificultades para acceder a un servicio de salud sexual integral de calidad, sino también los tabúes, estereotipos y prejuicios que existen entorno a los adolescentes que acuden a la planificación familiar o usan métodos anticonceptivos. Esa es una de las razones invisibles del porqué en dos décadas no se ha logrado disminuir la cantidad de embarazos adolescentes en nuestro país

 

En el 2019, un estudio de la Agencia Andina encontró que el 60% de los padres en el Perú aún considera un tabú hablar de sexo con sus hijos.

 

Anabel, una estudiante de 4to año de secundaria que vive en Aguaytía (Pucallpa), resalta la importancia que tiene la confianza que forman los padres con sus hijos para preservar su salud sexual.

 

“Mis amigas no tienen vergüenza de ir al centro de salud porque dicen que eso lo hace cualquier persona. Además, mis amigas se cuidan porque reciben consejos de sus mamás, ya que ellas  no quieren que queden embarazadas y las llevan a los centros de salud para que se cuiden”, comenta Anabel.

 

Cuando le preguntamos a Anabel si su mamá conversó con ella sobre el tema nos contestó muy segura que sí: “Mi mamá me dice que cuando tenga esas cosas, le tengo que contar para que ella me ayude, me lleve a cuidar porque no quiere que salga embarazada y quiere que siga estudiando”.

 

La desinformación y el desconocimiento también es un factor que juega en contra de esta problemática. Según el obstetra Juan Villalobos, muchas de las adolescentes tienen miedo de ponerse anticonceptivos por lo que escuchan decir a sus amigas o familiares sobre los efectos secundarios que estos tienen.

 

“De persona a persona se escucha diversos comentarios cuando se ponen las ampollas trimestrales, les dicen que van a subir de peso o que van a sangrar. El hecho de que ellas no ven la menstruación también les afecta, a veces piensan que el sangrado que no ven se acumula en el vientre. Asimilan esos tipos de comentarios y por ese motivo ya no quieren usar el método, o si están usando lo dejan”, afirma Villalobos.

 

En Ucayali, tienen una mayor apertura para acudir a los centros de salud y hablar sobre el tema; sin embargo cuentan con una de las más altas tasas de embarazo adolescente en el Perú (20.2%, según la Defensoría del Perú).

 

Cecilia Chujutalli Mego, psicóloga, especialista y activista por los derechos sexuales y reproductivos en Pucallpa, resalta que la información no es suficiente. “En nuestra organizacion feminista hemos visto que las chicas quedaban embarazadas sin desearlo. Nosotros nos preguntamos por qué si es que tienen la información y cuando conversábamos con las mismas chicas nos dicen que no basta sólo la información, sino también necesitas estar empoderada”.

 

El empoderamiento, para Cecilia, significa tomar la decisión de ir a un centro de salud y decidir usar un método anticonceptivo. Es por ello que en su organización, “Tiempo Liberado”, cuando ofrece charlas de Salud Sexual Integral, también incluye charlas de empoderamiento.

 

Las relaciones equitativas entre hombres y mujeres también influyen en un embarazo no deseado. Muchas adolescentes que han salido embarazadas no han deseado serlo, sino a veces, son presionadas por la pareja.

 

“Así empiezan su vida sexual, y no de manera libre y espontánea. Realmente no están seguras de lo que están haciendo. En mi experiencia un 70% no ha deseado iniciar y un 30% me va decir que sí, pero bueno no saben que esto conlleva a un embarazo o una ITS”, afirma la obstetra Jenny Marleni.

 

A esto se le suma la terrible realidad de violencia sexual que viven miles de niñas y adolescentes que, en muchos casos, desemboca en embarazos no deseados.

 

Según, La Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza, “los reportes anuales del Seguro Integral de Salud (SIS) de partos atendidos en los establecimientos de salud, dan cuenta de alrededor de dos mil partos cada año en adolescentes menores de 15 años de edad, incluidas niñas de 10, 11 y 12 años de edad. Es decir, al menos 5 niñas de 14 años o menos dan a luz a un hijo/a cada día producto de la violencia sexual”.

 

Ahora, las medidas de aislamiento social decretadas para frenar el avance del coronavirus, han generado que durante varios meses las niñas y adolescentes tuvieran que vivir mucho más tiempo junto a sus agresores, que mayormente son personas de su entorno o cercanas a ellas. Ello ha provocado que los Centros de Emergencia Mujer (CEM) recibieron más de 13.840 denuncias de violencia sexual, el 43 % de las cuales fueron víctimas adolescentes entre 12 y 17 años (6.007) y el 20,7 % niñas de 6 a 11 años de edad (2.862).

 

Pero, incluso esas cifras no reflejan la realidad de la situación pues los mismos CEM dejaron de funcionar los meses de cuarentena estricta, entre marzo y junio, cuando muchas niñas y adolescentes se encontraban en sus hogares, expuestas ante sus agresores.

 

¿Disminuyó el embarazo adolescente en pandemia?

 

A pesar de la suspensión durante varios meses de servicios de salud sexual, el cierre de los colegios y la exposición de muchas niñas y adolescentes a situaciones de violencia sexual, segun la última Encuesta Demografica y de Salud Familiar (ENDES), las cifras de embarazos en adolescentes de 15 a 19 años ha disminuido a 8.3% en el año 2020. Es decir, en el año donde la pandemia predominó, el embarazo adolescente disminuyó un 4.3% respecto al año 2019.

 

Sin embargo, Rossina Guerrero, directora de Programas de Promsex, comenta que esta cifra se debe tomar con mucho cuidado, ya que “pueden haber muchas explicaciones para eso, pero sin nada de educación, en casa y sin métodos anticonceptivos, hay que tomar ese dato con mucho cuidado, porque de 13 a 8% no habiendo hecho nada, no es como algo normal. Dicen que en octubre van a volver analizar las cifras”.

 

Es importante conocer las cifras reales de los embarazos adolescentes para que los órganos correspondientes puedan entender las dimensiones de esta problemática y actuar acorde a ello.

 

Porque solo hasta marzo de este año, ya se registraron en el Perú un total de 3 nacimientos de madres menores de diez años. 98 de niñas entre los 11 y los 14. Y 5.437 en jóvenes de entre 15 a 19 años.

 

Lo que resulta preocupante debido a que detrás de cada madre adolescente existen situaciones de vulnerabilidad como la muerte materna, círculos de violencia, deterioro de la salud, dificultades laborales, entre otros.

 

Además, un estudio del Fondo de Población de las Naciones Unidas - Perú (UNFPA), da cuenta que más del 90% de las adolescentes peruanas embarazadas desertan de la escuela.

 

Al parecer ese no será el caso de Ángela. Ella está convencida de que logrará seguir estudiando porque ahora con las clases virtuales ha podido estudiar y cuidar a su bebé a la vez. “Quiero llegar a ser una gran profesora de inicial”, dice con esperanza.

 

 

* La adolescente que brindó su testimonio para este reportaje pidió que se le cambiara el nombre para evitar ser identificada. 

** El reportaje periodístico "Embarazo adolescente: la emergencia detrás de la emergencia" fue premiada con el segundo lugar en la categoría "REPORTAJES PERIODÍSTICOS - ESTUDIANTES" del III Concurso de Materiales Comunicacionales "Comunicación por la Igualdad: Hablemos de la salud sexual y reproductiva de las mujeres en tiempos de pandemia" organizado por Católicas por el Derecho a Decidir - Perú y la Embajada de los Países Bajos en Perú.